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  • Wendy Bello

Cómo administrarnos mejor en 2021

Updated: Jan 14

Cuando empezamos un nuevo año muchas veces reevaluamos el anterior y pensamos qué pudiéramos haber hecho de manera diferente y cómo hacer esos cambios una realidad, si está en nuestras manos. Esa es la razón de este artículo, quisiera compartir contigo algunas ideas que nos pueden ayudar a administrarnos mejor en los días y con los recursos que el Señor nos dé. Para esto voy a apoyarme en el libro de Proverbios porque es rico en sabiduría y consejos.

Ahora bien, antes de avanzar, es importante que aclaremos algo: proverbios es un libro de principios generales para la vida y así debemos leerlo. No son promesas. Son principios que, cuando los ponemos en práctica, por lo general obtenemos el resultado que se plantea. ¿Quiere eso decir que la palabra de Dios se equivoca si no sucede? No, porque como dije, son principios, son observaciones que sus autores hacen del curso normal de la vida. Proverbios es poesía y sabiduría a la misma vez.


Así que, de manera muy breve, veremos 3 principios que nos ayudarán a administrarnos mejor en 2021.


Principio número 1: Orar por nuestros planes. Esta es la base de todo buen plan. Es buscar la dirección de Dios, el consejo de Su Palabra. Muchas veces invertimos las cosas. Tomamos una decisión, la llevamos a efecto y luego esperamos que Dios nos bendiga sin siquiera haber consultado con Él. Amiga lectora, antes de poner los planes en marcha, oremos y busquemos la dirección de Dios. No olvidemos que Sus planes siempre son mejores que los nuestros.


Uno de los proverbios que más ha hablado siempre a mi vida en cuestión de planes y metas es este: «Encomienda tus obras al Señor, y tus propósitos se afianzarán» (Proverbios 16:3). ¿Te percataste? Encomendar es encargar algo a alguien. De modo que ese proverbio nos está aconsejando dejar los planes en manos de Dios, desde el principio.Orar por nuestros planes, encomendarlos al Señor, es una manera sabia de vivir. ¡La mejor manera! Es el primer paso para una buena administración.


Principio número 2: Planificar. «Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!» Proverbios 21:5 (NVI). Este pasaje nos dice que planificar tiene resultados, hay ganancia en hacerlo. Y quisiera que entendiéramos que ganancias es más que millones en el banco, y pobreza es más que una cuenta en rojo. Ambos términos podemos aplicarlos a la calidad de nuestra vida en todos sus aspectos. Una mujer que busca ser sabia y edificar su casa sobre un buen cimiento es una mujer que hace planes.


Una mujer que busca ser sabia y edificar su casa sobre un buen cimiento es una mujer que hace planes.

Para hacer cualquier tipo de plan es importante considerar las implicaciones prácticas. Puedes hacerte preguntas como estas: ¿Tengo el tiempo necesario? ¿Cuento con los recursos? ¿Qué pasos tengo que dar? ¿En qué etapa de la vida me encuentro? ¿Es lo mejor? Te pongo un ejemplo de la importancia de estas preguntas. Lo que quizá sea factible para la mamá de adolescentes o para una mujer soltera, pudiera no resultar de momento para la mamá de niños pequeños que apenas tiene tiempo para ducharse cada día. Y esos son asuntos que debemos considerar antes de aventurarnos en algún proyecto.


Quizá al leer esto pienses: Bueno, ¿y cómo puedo conciliar esto con lo que dice Mateo 6 con respecto a «vivir el día» y no preocuparme por mañana? La Palabra de Dios no se contradice, y los principios son los mismos. Lo que Jesús dice en ese pasaje es muy diferente. Su mensaje era, dicho con otras palabras: No vivan con temor, preocupados por el futuro, mi Padre lo tiene todo bajo control. La tarea de ustedes es buscar a Dios en primer lugar. Las cosas materiales no pueden ser el enfoque de su vida. No hay discordancia entre llevar una vida planificada y al mismo tiempo saber que quien nos provee es el Señor. Lo cual nos lleva al siguiente punto.


Principio número 3: Administrar bien los recursos que Dios nos da. Hace un tiempo, mientras leía el Evangelio de Juan, saltó a mi vista este versículo: «Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada» (Juan 6:12). ¿Sabes qué fue lo que me maravilló? Que Jesús, con poder suficiente para multiplicar la comida y cualquier otra cosa, les dijera a Sus discípulos que recogieran lo que había sobrado para que no se desperdiciara nada. Despilfarrar habla de nuestra poca consideración por las bendiciones que Dios ha puesto en nuestras manos. Es lamentable que en algunos países vivamos una economía de derroche cuando en tantos otros la gente muere de hambre y escasez.


Despilfarrar habla de nuestra poca consideración por las bendiciones que Dios ha puesto en nuestras manos.

Un proverbio nos habla claramente del tema: «En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra» (Prov. 21:20, NVI). Está claro, ¿verdad? Cuando despilfarramos no somos sabias, sino todo lo contrario, ¡necias! Y en la carta de Santiago, capítulo 5, leemos la amonestación a los que llama «los ricos», y parte de esa amonestación es por una vida desenfrenada y de derroche. ¡Prestemos atención y seamos sabias en esto también! Somos administradoras de cada cosa que Dios nos ha dado, incluyendo nuestras finanzas o recursos.


Creo que se impone una advertencia. Es muy fácil creer que seremos mejores mujeres, más dignas de elogio, más adecuadas para el matrimonio y la creación de una familia según nuestro desempeño en el hogar y, de acuerdo con eso, determinar quiénes somos. ¿Por qué es muy fácil? Porque está ligado a hacer y no a ser. El ser humano siempre ha querido que lo definan por lo que hace. De ahí que muchas veces cuando nos piden que hablemos un poco de nosotros, casi siempre la respuesta se va a títulos universitarios, cargos, etc. Y en el caso de la mujer, nuestra mente por defecto se apega a estas cosas, lo que hago en mi casa, lo que hago por mi familia, lo que hago en mi iglesia, y demás.


Lo más sorprendente es que, incluso después de venir a Cristo, seguimos contemplando pensamientos similares. Seguimos creyendo que nuestra identidad está en hacer, y seguimos creyendo que solo siendo una súper mujer, que reúna todas y cada una de las cualidades que se listan en Proverbios 31 seremos una «excelente mujer cristiana».


¡Eres libre de la atadura de una identidad ligada a lo que haces porque Cristo es tu identidad!

Está claro que no hay nada de malo en querer ser una mujer virtuosa, eficiente en su hogar, organizada, buena administradora. Todas esas son cualidades que podemos cultivar, ¡pero no nos definen! Sea que tu casa luzca como de Pinterest o que ahora mismo parezca un caos porque tienes niños pequeños que esparcen sus juguetes, o eres madre soltera que tiene que hacer malabares para cumplir con un trabajo fuera de casa y con el trabajo dentro de casa, ¡tú no eres lo que muestra tu casa! Cristo te ha hecho coheredera de la gracia, adoptada en la familia de Dios, nueva criatura. No hay condenación para ti si la casa está más o menos limpia; si eres más organizada con menús de la semana, o si a veces tienes que preparar sándwiches porque no hubo tiempo para más. ¡Eres libre de la atadura de una identidad ligada a lo que haces porque Cristo es tu identidad!


Para concluir, recordemos que nuestra vida es un préstamo, somos administradoras de este regalo que Dios nos ha dado. Oremos como el salmista: «Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmos 90:12).


(Parte del contenido de este artículo fue tomado del libro Una mujer sabia.)


¡Gracias por leer!


Bendiciones,


Wendy


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