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  • Writer's pictureWendy Bello

Cuando las fuerzas no alcanzan para empezar la semana


La semana pasada fue bastante intensa para nosotros en casa. Estamos en medio de una remodelación de los pisos. Si has hecho esto antes, sabes todo lo implica: mover muebles de un lado a otro continuamente, polvo que se cuela en cada átomo de espacio, no encontrar las cosas que necesitas porque quedaron guardadas en una caja a la que no puedes acceder, etc.



A eso se sumó un temporal de lluvias sin precedentes, según dicen los meteorólogos. Mientras los aguaceros caían con toda fuerza, yo trabajaba en mi oficina, cuando de repente escuché un "tac, tac, tac"... al levantar la vista, ¡una gotera! El techo estaba filtrándose y el agua caía sobre el librero. Salí corriendo a buscar un recipiente, quitar todas las cosas que peligraban y ver cómo minimizar los daños. Entre esa tarde y la mañana siguiente, y bajo la lluvia incesante, mi esposo y mi padrastro trataron de remendar el asunto hasta que la persona indicada pudiera venir a ocuparse del problema.


Al otro día, la llave principal del agua se rompió, en medio del trabajo del piso, y eso nos dejó sin agua por muchas horas. Yo estaba limpiando la casa porque, al día siguiente, esperábamos visita. Pero tuve que esperar pues sin agua, imposible. Gracias a Dios al anochecer, de nuevo mi esposo y mi padrastro hicieron un arreglo hasta que el plomero viniera. Pero la limpieza quedó pospuesta hasta el viernes.


Como resultado del temporal, hubo inundaciones por todo el sur de la Florida, incluyendo el puerto que recibe el combustible. El sábado nos quedamos sin gasolina y todavía hoy lunes, estamos en esa situación. Gran parte de las gasolineras cerradas y las pocas que han logrado abastecerse, tienen filas de cuadras y cuadras.


A todo esto se añade el hecho de que apenas pude trabajar ni estudiar durante la semana, de modo que entre sábado y domingo me esperaba un maratón de lectura para las clases que estoy tomando y tratar de ponerme al día. Me imagino que a este punto de tan solo leerlo ya te sientes como yo, cansada. O tal vez tienes razones todavía mayores para estar agotada. Quizá tienes falta de descanso porque un bebé requiere tu atención de madrugada, o un hospital cuidando a un enfermo, quizá es tu salud la que falla.


La lista pudiera seguir porque en este mundo, razones no nos faltan para experimentar cansancio, desaliento, para sentirnos como un tanque al que se le escapa el agua o un globo que está perdiendo el aire. En momentos así, una de las tentaciones es creer que estamos incompletas, que hasta que todo no regrese a la normalidad, estaremos como un rompecabezas sin terminar. Y, aunque sí es cierto que la vida se nos pone al revés en muchas ocasiones, la Escritura nos enseña que las circunstancias no cambian quiénes somos en Cristo. Esto tiene implicaciones profundas, especialmente cuando llega una semana difícil.


En su carta a los Colosenses, Pablo escribió inspirado por el Espíritu Santo: «Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él, y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad» (Col 2:9-10, NBLA, énfasis mío).


Pudiera parecer extraño que Pablo diga que estamos completos cuando vivimos en un mundo donde sí falta la salud, o hay soledad, o tenemos necesidades muy reales y tangibles. Pero es que Pablo está poniendo la mirada de sus lectores en algo diferente. Podemos creer que estar completas es tener cosas o lograr cosas. Y es por eso que cuando tenemos esas cosas o alcanzamos las metas o logros, solo nos sentimos completas momentáneamente y luego regresamos al punto de partida. ¡Porque nada de lo creado puede darnos la llenura que solo recibimos del Creador por medio de Cristo Jesús!


Lo que Pablo está diciendo en este pasaje es que, al estar unidos a Cristo, tenemos todo lo que necesitamos de este lado de la eternidad. Porque el punto de su carta es que Cristo lo tiene todo y para tener una relación con Dios, solo necesitamos a Cristo. Esa es la relación que nos completa porque recuerda, quedamos separados de Él por el pecado y por eso venimos al mundo con este espacio, ese hoyo que nada ni nadie puede llenar. Pablo les dice a los cristianos de Colosas que no necesitan más filosofías, ni enseñanzas «nuevas» ni nada semejante, porque en Cristo habita la plenitud de Dios, en Él lo tienen todo. Y lo mismo nos dice a nosotros hoy.


El apóstol Juan escribió que de la plenitud de Cristo hemos recibido gracia sobre gracia (Jn 1:16). Sin Cristo siempre estaremos incompletas, siempre nos faltará algo, siempre viviremos una vida a medias. Pero en Cristo, hermana, ¡gracia sobre gracia! Gracia para el día a día, gracia para los momentos de abundancia y para los de escasez, gracia para cuando sientes que estás en la cima del monte o cuando estás atravesando un valle oscuro, gracia para cuando nos sentimos con fuerzas o cuando estamos exhaustas. De Su plenitud hemos recibido.


Sin Cristo siempre estaremos incompletas, siempre nos faltará algo, siempre viviremos una vida a medias. En Cristo tenemos gracia para el día a día, gracia para cuando nos sentimos con fuerzas o cuando estamos exhaustas.

El Señor nos prometió la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida. ¡No estamos solas! Él está a nuestro lado, intercede cuando ni siquiera sabemos cómo orar, nos da fuerzas para decir no al pecado y produce su fruto en nosotros, incluso la paciencia cuando el cansancio y las circunstancias nos la quieren robar.


Al escribir esto no estoy minimizando el dolor o las dificultades, no te estoy pidiendo que vivas en una negación de los problemas o con una falsa sonrisa dibujada en el rostro. Lo que quiero que recordemos es la verdad de la Palabra, que en Cristo tenemos todo lo que necesitamos para vivir la vida debajo del sol. Jesucristo basta, como dice la canción y porque estamos unida a Cristo, estamos completas. Podemos vivir en plenitud incluso cuando el lunes llega, nos sentimos cansadas, la vida está al revés y tenemos que iniciar una nueva semana. Él nos dará gracia.


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