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  • Wendy Bello

¿Escuela o educación en casa?

Este es un artículo un tanto diferente a otros que he escrito. Voy a tratar de responder aquí a un asunto que hace días está en mi mente por diversas razones, entre ellas, mensajes que he recibido de ustedes, las lectoras.

Le pido al Señor que me dé sabiduría y que las palabras aquí plasmadas sean dichas conforme a lo que la Escritura nos dice en Efesios: «No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan» (4:29).


Este artículo es fundamentalmente para mamás, pero puede servirnos a todos aquellos que formamos parte de una iglesia donde muchas familias deben tomar la decisión de la que hoy voy a hablar. ¿A qué me refiero? A qué opción elegir cuando se trata de la educación de nuestros hijos: escuela regular, escuela cristiana o educación en casa.


Algunas de ustedes me han escrito preguntándome sobre el tema, qué pienso. Otras me han escrito porque están batallando con la decisión o porque se sienten culpables por una determinada elección. Espero que con este escrito podamos traer un poco de claridad al tema.


Es importante puntualizar también que el objetivo de este artículo no es hablar de nuestra responsabilidad como madres en cuanto a la enseñanza y discipulado de nuestros hijos. Eso no cambia independientemente de la época o cultura porque es un mandato bíblico que tenemos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.


Voy a comenzar por la base bíblica. No hay un solo pasaje en la Escritura que diga que debemos escoger un tipo u otro de educación para nuestros hijos. Y cuando hablo de educación me estoy refiriendo a la instrucción académica. Es lógico que la Biblia no lo mencione por razones históricas. La educación era muy diferente en los tiempos bíblicos. En los tiempos del Antiguo Testamento, la educación de los niños israelitas era muy similar a la de otros pueblos de la antigüedad, se hacía en casa y su carácter era mayormente religioso. La instrucción formal, relacionada con leer y escribir, estaba limitada a las clases gobernantes.


La familia judía de los tiempos bíblicos enfocaba su instrucción en asuntos morales, culturales y religiosos o espirituales. Su modelo estaba basado en Deuteronomio 6.

Al llegar las sinagogas, cuya aparición es posterior al exilio babilónico, la educación era también religiosa y moral. Además, solo incluía a los jóvenes varones.


Hacia los tiempos del NT, bajo la influencia de la cultura greco-romana, se desarrolló un sistema de educación más avanzado y completo. Sin embargo, igual solo podían participar algunas capas de la sociedad. Este quizá fuera el caso de Lucas, el médico que tenemos como autor de dos libros en el Nuevo Testamento y en alguna medida también el caso de Pablo, aunque su acceso a la educación nunca llegaría al nivel de las clases gobernantes. Leemos que su profesión era fabricante de tiendas, un sector de comercio que se consideraba inferior en la sociedad.


De manera que, por el contexto histórico de la Biblia, es lógico que no haya referencias a la educación en la manera en que nosotros la concebimos en nuestro tiempo. Y, como hemos visto, no podemos decir que la Biblia apoya una elección y condena la otra, sea cual sea a la que hagamos referencia.


La decisión de qué tipo de educación escogeremos para nuestros hijos es un asunto familiar y será diferente para cada familia. No es una decisión sencilla y, como todas, requiere que oremos y que consideremos varios factores. Entre esos factores está qué opciones están disponibles en el lugar donde viven. Por ejemplo, hay países como Cuba donde el gobierno no permite la educación en casa ni existen escuelas privadas. Así que allí no hay opción. De hecho, las escuelas a las que asistí eran así, controladas por el gobierno y bajo una ideología comunista contraria a Dios. Lo mismo pasaba con los hijos de todos los cristianos. Por cierto, eso fue lo que sucedió con la generación de Daniel, el de la Biblia. Fueron llevados a un país extranjero, bajo un sistema de educación pagano. Y, no obstante, vemos que Daniel y sus amigos, en la gracia y providencia de Dios, se mantuvieron fieles.


Esto lo digo por si vives en un lugar como Cuba, Babilonia o algo semejante… Puedes seguir instruyéndolos en casa en la Palabra. Sé que no es fácil, que la lucha de ideas es ardua, pero Dios ha sido fiel con los cristianos de Cuba, de China y de muchos otros lugares. De eso puedo dar fe.


Por otro lado, quizá no vives en un lugar así, quizá vives en un lugar donde hay muchas opciones, como es el caso nuestro aquí en los Estados Unidos. De modo que puedes escoger, pero tal vez tú y tu esposo atraviesan una situación financiera que implica que ambos trabajen fuera de casa y no existe o no pueden considerar un colegio cristiano. O tal vez, como fue nuestro caso, luego de orar y buscar la dirección de Dios, tu esposo y tú determinan que la enseñanza en casa no es la mejor opción para su familia y escogen enviar a sus hijos a un colegio. Tenemos razones por las que mi esposo y yo decidimos optar por enviarlos a la escuela. Y, dentro de esa decisión, en un momento estuvieron en un colegio público y luego en uno privado.


Nuestra identidad no está en el tipo de sistema de educación que escojamos para nuestros hijos. Cristo es nuestra identidad.

Cualquiera que sea la decisión, no eres mejor ni peor madre por ello. Nuestra identidad no está en el tipo de sistema de educación que escojamos para nuestros hijos. Cristo es nuestra identidad.


Es doloroso cuando en algunas congregaciones se defiende a capa y espada la educación en casa como si fuera la única adecuada para las familias cristianas. Y, peor todavía, cuando cuestionamos el carácter cristiano o el amor de la familia hacia sus hijos en dependencia de la opción que elijan para la educación.


El principio de Romanos 14 aplica a esta situación también. Allí vemos un ejemplo de diferencias entre creyentes y lo que comían o no comían, o los días que celebraban. ¿Y cuál es la solución que Pablo les presenta, inspirado por el Espíritu Santo? «El que come no desprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado» (v. 3). En el caso que abordamos, el que hace educación en casa, que no juzgue al que no lo hace, y viceversa. Porque Dios nos ha aceptado a ambos. De eso se trata.


No es el tipo de educación que escojas lo que va a salvar a tus hijos, porque la salvación viene del Señor.

Así que, oremos para que cuando el momento llegue tomemos como familia la mejor decisión, la que sea para la gloria de Dios de acuerdo con nuestra situación. Al final del día, no es el tipo de educación que escojas lo que va a salvar a tus hijos, porque la salvación viene del Señor. Sí, entiendo que dados los tiempos que estamos viviendo muchos sistemas escolares asustan, son contrarios a la Escritura y en muchos casos exponen a nuestros hijos a ideas que nosotros repudiamos. De ahí que orar sea tan importante para buscar la dirección del Señor al decidir; pero, no olvides, no serán una familia más o menos cristiana por eso. Nuestras obras, incluyendo esta, no determinan nuestra posición en Cristo.


Oro que estas palabras hayan sido para edificación de tu vida. Te animo a compartirlas si crees que pueden beneficiar a alguien más.


Bendiciones,


Wendy