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  • Writer's pictureWendy Bello

¿Estás satisfecha?

Nota: Este artículo fue adaptado de Digno: un estudio del salmo 103, publicado por B&H Español, 2022.


En el año 1965 la canción Satisfaction [Satisfacción] lanzó al estrellato a uno de los grupos de rock más populares del siglo veinte, Rolling Stones. La letra del estribillo dice así:


No puedo obtener ninguna satisfacción

No puedo obtener ninguna satisfacción

Porque lo intento y lo intento y lo intento y lo intento

No la puedo conseguir; no, no la puedo conseguir.



Lo que sus autores escribieron allí ha sido el estribillo en la vida del ser humano desde el fatídico día en que el pecado entró al mundo. Desde que nacemos y hasta que morimos vivimos una búsqueda constante de satisfacción. Búsqueda que se torna completamente inútil porque, aunque no estemos de acuerdo con el resto de la letra de la canción, sí hay cierta verdad en sus palabras: por nuestros propios medios nunca podremos encontrar satisfacción. ¿Y sabes por qué? Porque lo creado nunca tuvo la meta de ocupar el centro de nuestro corazón (Ro 1:15), ni de darnos esa satisfacción permanente y completa que buscamos. Lo creado solo tiene un objetivo, apuntarnos al Creador.


Con razón los Rolling Stones tuvieron tanto éxito con su canción, aunque un éxito lamentable, toda una generación se identificó con el mensaje. Lo paradójico es que justo se hizo popular en un tiempo de la historia en que la llamada revolución sexual estaba en pleno apogeo. Se proclamaba una supuesta libertad de toda atadura social y moral. La gente probó todo tipo de cosas con la vana ilusión de encontrar satisfacción. Pero fue solo un espejismo, una falsa ilusión. Y, como nada hay nuevo debajo del sol, la historia se repite y las generaciones siguen desenfrenadas buscando satisfacción para no encontrarla.


No sé si lo habías notado antes, pero hay un libro en la Biblia que, de cierto modo, también se hace eco de este mensaje. A primera vista pareciera que estamos leyendo las palabras de alguien que —al llegar al final de su vida— comenzó a filosofar ante lo efímero de la existencia humana. Se trata de Eclesiastés. Este es un libro singular al que debemos acercarnos con ojos y oídos prestos a ver y escuchar un mensaje intemporal.

Lo creado nunca tuvo la meta de ocupar el centro de nuestro corazón (Ro 1:15), ni de darnos esa satisfacción permanente y completa que buscamos. Lo creado solo tiene un objetivo, apuntarnos al Creador.

El profesor Michael Eaton propone que el libro de Eclesiastés «defiende la vida de fe en un Dios generoso al señalar la crudeza de la alternativa»[1]. Yo me sumo a su propuesta. En este libro el autor inspirado nos presenta diversas razones por las cuales no podemos encontrar satisfacción en el mundo creado como el placer, el trabajo y sus resultados, el dinero, etc.


Entonces me dije: «Ven ahora, te probaré con el placer; diviértete». Y resultó que también esto era vanidad. Eclesiastés 2:1


He visto que todo trabajo y toda obra hábil que se hace es el resultado de la rivalidad entre el hombre y su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el viento. Eclesiastés 4:4


El que ama el dinero no se saciará de dinero, Y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias. También esto es vanidad. Eclesiastés 5:10


El libro de Eclesiastés habla de la vanidad de la vida. Es palabra, vanidad, resulta muy difícil de traducir. Su significado original se acerca a algo así como vapor. Sin dudas muy acertado porque tal es la existencia humana, pasajera, fugaz se nos escapa entre las manos. No encontramos en ella satisfacción, como dice la canción del principio, a menos que conozcamos al Dios que satisface. Esa fue la conclusión del Predicador en Eclesiastés y es lo que también se recuerda a sí mismo el autor del salmo 103:


«[Dios] El que colma de bienes tus años,

Para que tu juventud se renueve como el águila» (v. 5).


La RVR 1960 lo dice de esta manera:


«El que sacia de bien tu boca

De modo que te rejuvenezcas como el águila.»


Según el diccionario, colmar es dar a alguien algo en abundancia, satisfacer plenamente deseos, aspiraciones, etc. Las Escrituras nos recuerdan una y otra vez que nuestro Dios es quien nos da todo lo que necesitamos en abundancia, quien satisface plenamente nuestros deseos y aspiraciones. Pero ¡cuidado!, no estamos hablando de una lista de deseos y de un genio de la lámpara, como he escrito antes. Estamos hablando de que los deseos que tenemos, las aspiraciones, anhelos y todo lo demás solo encontrarán satisfacción completa en Dios. Las palabras de Spurgeon al comentar este versículo lo resumen magistralmente:


«¡Sería lo mismo pensar que el mar está lleno o que sus olas se han quedado quietas que pensar que el corazón del hombre está satisfecho! Se trata de una bendición espiritual, una gracia divina que viene de parte del gran Dios que sacia… el Dios que es absolutamente suficiente, el único que puede ser suficiente para llenar el corazón humano.»[2]


Detente ahora un momento y piensa, ¿dónde estás buscando satisfacer los anhelos de tu corazón? ¿A quién o qué acudes cuando sientes que te falta «algo»? Tal vez ahora sea el momento indicado para ir al Señor en oración y pedirle que abra tus ojos para ver si has estado buscando en la creación lo que solo Él como Creador te puede dar. Y si es así, confesarlo.


No puedo terminar sin regresar a Eclesiastés y señalar que —a pesar de que el autor reconoce cuán lúgubre es la vida debajo del sol— también admite que no hay bien fuera de Él: «Porque ¿quién comerá y quién se alegrará sin Él?» (2:25). Las palabras del apóstol Santiago resuenan con el mensaje de Eclesiastés: «Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación» (1:17).


En el célebre encuentro entre Jesús y la mujer samaritana Él se reveló a ella como el Dios que satisface la insaciable sed del ser humano (ver Juan 4:13-14). La satisfacción que buscamos nunca estará en lo creado sino en la relación con el Creador. Cristo es el cumplimiento de aquella promesa. Cuando buscamos satisfacernos con lo creado, terminaremos repitiendo el estribillo de la canción que cité al comienzo, porque un par de zapatos, una cartera, una profesión, un matrimonio, la maternidad o cualquier otra cosa creada solo nos brindan satisfacción temporal. Todas ellas —aunque pueden ser muestras de la bondad de Dios— solo deben recordar a nuestra alma que quien realmente satisface es Aquel que nos las da.


Los Rolling Stones tenían razón en algo, por nuestra propia cuenta, nunca encontraremos satisfacción pero Dios ha provisto en Cristo todo lo que necesitamos. Cuando tenemos a Cristo, la búsqueda ha terminado.


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Gracias por leer y compartir,


Wendy


[1] Michael A. Eaton, Ecclesiastes, Tyndale Old Testament Commentaries (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1983), 52. ProQuest Ebook Central. Traducción de la autora. [2] Biblia de Estudio Spurgeon, (Nashville, TN, Holman Bible Publishers, 2019), 735.

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