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  • Foto del escritorWendy Bello

Tres verdades que enseñamos y repetimos a nuestros hijos

Estoy convencida de que criar hijos es una de las tareas más difíciles debajo del sol. Y esa tarea, una vez que comienza, nunca termina pues no dejamos de ser madres o padres por el mero hecho de que ellos crezcan. Antes de seguir, permíteme contarte que soy una mamá en formación. Comencé la tarea hace poco más de 20 años, cuando supe que estaba embarazada por primera vez. Al cabo de los meses tuve en mis brazos una bebé. En ese momento se hizo real la responsabilidad que implicaba ser padres.

Aunque estoy todavía en la tarea, nuestro segundo hijo tiene ahora 15 años, me gustaría compartir contigo tres verdades que han sido parte de la instrucción en nuestro hogar y que creo que son valiosas para cualquier familia. El valor de ellas radica en que están arraigadas en la Palabra de Dios, no son idea nuestra.


Tu mente es como una bolsa y tú decides que guardar en ella. Con la mente sucede igual que con el cuerpo, si le damos comida saludable, tendremos un cuerpo saludable. Lo contrario también se cumple. Así que, antes de dedicar una hora, dos, o el tiempo que sea, a llenar tu mente de algo, pregúntate primero: ¿Honra a Dios lo que estoy viendo, leyendo o escuchando? ¿Será para mi bien? ¿Traerá provecho, crecimiento? No podemos olvidar que lo llene nuestra mente, llenará nuestro corazón. La Escritura afirma:

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida (Pr 4:23, NVI).

Escoge amigos que vivan en el temor del Señor y te apunten a Cristo. Los amigos deben ser alguien con quien caminar en la vida, en quien buscar consejo, a quien puedas contarle tus luchas, dudas, problemas, tus anhelos, y hacerlo con la certeza de que su corazón teme a Dios y ama a Cristo. Un amigo es alguien que te confrontará con la verdad, que dará ánimo a tu corazón cuando te sientas desalentado pero que lo hará con la Palabra de Dios. A veces nos apresuramos al escoger las amistades, pero la verdadera amistad requiere tiempo, madurez. Por otro lado, debemos enseñarles a ser la clase de amigos que quisieran tener. Proverbios 13:20 nos recuerda:


El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado (NBLA).

Y el salmo 1 también nos presenta un buen recordatorio:


¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos,

Ni se detiene en el camino de los pecadores,

Ni se sienta en la silla de los escarnecedores,

Sino que en la ley del Señor está su deleite,

Y en Su ley medita de día y de noche! (Sal 1:1-2, NBLA)


Busca agradar solo a uno, Cristo. Cuando mi hija tenía ocho años llegó un día de la escuela y me preguntó: “Mami, ¿qué quiere decir ser popular?” Lamentablemente la cultura que nos rodea está obsesionada con el concepto y lucha por sembrarlo en las mentes de nuestros niños y jóvenes, a cualquier precio; pero el problema en sí es tan viejo como la humanidad.

Me recuerda un relato que la Biblia nos cuenta acerca de dos hombres, Josué y Caleb. En su tiempo fueron muy valientes y esforzados, pero nada populares. Moisés los envió junto con otros diez a explorar una tierra desconocida, la tierra a la que Dios los estaba guiando. El lugar era la estampa de la abundancia y la prosperidad; sin embargo, los habitantes de gran estatura y las ciudades fortificadas inspiraron temor a gran parte del grupo. No así a Josué o a Caleb. Ellos exhortaron al pueblo para que se lanzaran a la conquista. Dos contra diez. La minoría contra la mayoría. ¿El resultado? ¡Casi los matan! Si ese día hubieran celebrado un concurso, el premio de ellos sería: "El menos popular". El asunto es que el corazón de ambos estaba enfocado en lo que Dios había dicho y no en la opinión de los demás o las circunstancias.

Cristo vivió en su humanidad esta misma lucha. Los discípulos, su familia, la gente del pueblo y hasta los religiosos de la época esperaban que él actuara de cierta manera, pero claramente les repetía una y otra vez que su misión era cumplir la voluntad del Padre, no ganarse la aprobación de los demás para ser popular.


Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos que no se dejen engañar por la falsa imagen de satisfacción que viene con la palabra "popular". La popularidad es un ídolo que esclaviza, como todos los ídolos.

Leí esto en una ocasión, no recuerdo el autor: Los que se atreven nunca son mayoría. Aunque el contexto pudiera ser diferente, encierra una verdad que podemos aplicar a nuestra vida si queremos vivir para la gloria de Dios. Nunca seremos mayoría. Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos que no se dejen engañar por la falsa imagen de satisfacción que viene con la palabra "popular". La popularidad es un ídolo que esclaviza, como todos los ídolos. Si nuestros hijos ya son creyentes, debemos recordarles que su identidad está en Cristo y lo que Él hizo en la cruz. Recordarles también que vivimos para agradar solo a Aquel que lo dio todo para ganarnos el favor del Padre. No vivimos para ganarnos Su favor o aceptación porque eso ya Cristo lo ganó, pero sí vivimos para obedecerle, agradarle, como resultado de nuestra nueva identidad:


Él que dice: «Yo lo he llegado a conocer», y no guarda Sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda Su palabra, en él verdaderamente se ha perfeccionado el amor de Dios. En esto sabemos que estamos en Él. El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo (1 Jn 2:4-6). Como padres, estamos llamados a instruir a nuestros hijos en la verdad de Dios, la que nos revela en Su Palabra. El resultado no está garantizado, nuestros hijos tomarán sus propias decisiones y la salvación es prerrogativa de Dios, pero descansamos en nuestro Padre y Su perfecto plan. Así que hagamos nuestra tarea sin olvidar que nuestros hijos no son nuestra identidad. Cristo lo es. Y esas verdades, también son para ti y para mí hoy.


Gracias por leer y compartir,


Wendy

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