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  • Foto del escritorWendy Bello

Cinco consejos para los tiempos de espera

Si somos honestos, no nos gusta esperar. Somos de la generación de la comida rápida, los hornos microondas, las compras con un clic, la internet de alta velocidad. Esperar es una palabra que no nos gusta. Queremos las cosas aquí y ahora, o mejor, ¡para ayer!



Sin embargo, cuando leemos un pasaje como el salmo 40, nos encontramos con un texto que nos dice que hay algo hermoso en las esperas: nos encontramos con Dios. Durante su espera el autor vio que el Señor se inclinó, escuchó, respondió, salvó.


Esperé pacientemente al Señor,

Y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor.

Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso;

Asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos.

Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios.

Muchos verán esto, y temerán

Y confiarán en el Señor. (Sal 40:1-3)


Aunque este espacio no me alcanza para desarrollar todo lo que la Escritura nos enseña a lo largo de este precioso salmo, quisiera dejarte cinco ideas o consejos para cuando lleguen los tiempos de espera. Porque ¿sabes?, siempre llegan.


En tiempos de espera, recordemos lo que el Señor ya ha hecho y aguardemos con paciencia. En tiempos así, cuando nos toca esperar, cuando tal vez estamos atravesando desiertos, podemos y debemos recordar que Cristo mismo sufrió muchas tribulaciones, hasta la muerte, con paciencia, y las venció, sin pecado. Hoy podemos descansar en Su victoria. Gracias a su obra en la cruz, los creyentes ahora tenemos al Espíritu Santo habitando en nosotros. Él produce en nosotros paciencia. Oremos para que el Señor nos ayude y enseñe a ser mujeres pacientes.


En tiempos de espera, recordemos que Él es digno de confianza. Recuerda la historia de Sara, queriendo "ayudar" a Dios y creando un problema mayor. Recuerda a José en Egipto, esperando en Dios con paciencia. Son historias diferentes que nos muestran que podemos decidir confiar o no confiar. Podemos apoyarnos en nuestra propia prudencia o podemos recordar que Dios es digno de confianza. Él sigue cumpliendo su palabra.


En tiempos de espera, vivamos en obediencia. Nuestra obediencia nunca será perfecta, ¡gloria a Dios por Cristo que obedeció perfectamente en nuestro lugar! Pero porque ahora estamos en Él, podemos obedecer, podemos decir no al pecado y la tentación. Podemos poner la mirada en Su Palabra y caminar en obediencia sin ceder a la tentación de tomar atajos, manipular las situaciones, sacrificar nuestra integridad, etc.


En tiempos de espera, recordemos el carácter de Dios. La tentación es poner nuestra mirada en las circunstancias, en lo que nuestros ojos pueden ver, en lo que dicen las personas, las noticias, etc. Y todo eso nos quita los ojos de nuestro Dios y Salvador. Recuerda su carácter: Dios no cambia. No importa que el mundo parezca estar al revés. Recordemos, hablemos verdad a nuestro corazón. Aprendamos a cambiar el guion que nos repetimos. Usemos las Escrituras para acallar las demás voces. En momentos de espera, cuando paree que nada está sucediendo, recuerda que Dios es bueno, misericordioso, paciente, amoroso, justo, fiel.


En tiempo de espera, abramos nuestro corazón a Dios. Al leer las palabras del salmo 40 entendemos que, al igual que David, podemos llegar con toda sinceridad y confianza al trono de nuestro Padre Celestial, y expresar nuestro dolor, nuestra tristeza, el lamento ante una situación que nos agobia. Dios escucha, nuestras oraciones no se quedan en el techo. En los tiempos de dolor, la preocupación solo produce más ansiedad. Corramos a Dios y abrámosle nuestro corazón, no solo porque nos escucha, sino también porque es nuestra roca, Él permanece firme, nos sostiene. El dolor no siempre termina. A veces nos toca esperar, sin saber cuánto. No obstante, el carácter de Dios, en este caso Su misericordia, su compasión, su fidelidad, nos infunde esperanza. Los momentos oscuros de la vida pueden llevarnos a muchos lugares, nosotras tenemos que decidir a cuál iremos. He llegado a la conclusión de que el único lugar seguro es la Palabra de Dios y Su presencia. En cuanto me salgo de allí el momento difícil se vuelve todavía más bajo y oscuro.


Aprendamos a cambiar el guion que nos repetimos. Usemos las Escrituras para acallar las demás voces. En momentos de espera, cuando paree que nada está sucediendo, recuerda que Dios es bueno, misericordioso, paciente, amoroso, justo, fiel.

Los tiempos de espera, como sea que eso pueda lucir en cada una de nuestras vidas, nos dan la oportunidad de glorificar a Dios porque podemos recordar quién es Él, proclamarlo y vivirlo. No para nuestra gloria sino para la de Él. Los tiempos de espera son también una oportunidad para que Cristo sea formado en nosotras y nuestro carácter santificado. Sé que preferiríamos no vivirlos, pero cuando lleguen, consideremos que el Señor en su soberanía así lo decidió y, en Su economía, nada se malgasta. ``


Gracias por leer y compartir,


Wendy

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