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  • Wendy Bello

Gratitud en la angustia

No sé si alguna vez has leído en la Biblia el libro de Habacuc, justo ayer en nuestra iglesia comenzamos a estudiarlo en una nueva serie de sermones. Es uno de los llamados profetas menores, no porque su mensaje carezca de importancia sino por el tamaño del libro. Su mensaje, que gira alrededor de un diálogo con Dios ante la situación deplorable de la nación, estaba dirigido al pueblo de Judá justo antes de la invasión babilónica encabezada por el rey Nabucodonosor.



Judá estaba de espaldas a Dios, sumida como nación en una decadencia espiritual, un tiempo de justicia pervertida. Contemplar todo aquel cuadro comienza a provocar en este profeta un estado de angustia y desesperación. En realidad, todo muy parecido al mundo en que tú y yo vivimos hoy.


Te cuento todo esto porque es importante que lo entendamos antes de enfocarnos en lo que me gustaría compartir contigo en este artículo.


A nivel personal me identifico mucho con Habacuc cuando miro lo que nos rodea, y no solo en el mundo, tristemente a veces en la iglesia también. En mi país todo está «al revés» por estos días. La tensión política no cesa, ciudades que arden con disturbios, ataques en las redes que de ocurrir en persona serían probablemente violentos; la justicia es escurridiza, las opiniones personales importan más que la de Dios. Y, como Habacuc, por momentos quisiera gritar:


¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda,

Y no escucharás?

Clamo a Ti: «¡Violencia!».

Sin embargo, Tú no salvas.

¿Por qué me haces ver la iniquidad,

Y me haces mirar la opresión?

La destrucción y la violencia están delante de mí,

Hay rencilla y surge la discordia.

Por eso no se cumple la ley

Y nunca prevalece la justicia[b].

Porque el impío asedia al justo;

Por eso sale pervertida la justicia. (1:2-4)

Sin embargo, si continúas leyendo este libro profético, al llegar al último capítulo encontrarás un cambio de estado emocional en Habacuc, y es de eso que quiero hablarte hoy. Después de dialogar con Dios y escuchar la respuesta, que no fue nada halagüeña pues el Señor le anunció lo que vendría por mano de Babilonia (los caldeos) y cómo sufrirían, Habacuc pronuncia estas palabras que quizá sí hayas escuchado, aun sin leer el libro completo:

Aunque la higuera no eche brotes,

Ni haya fruto en las viñas;

Aunque falte el producto del olivo,

Y los campos no produzcan alimento;

Aunque falten las ovejas del redil,

Y no haya vacas en los establos,

Con todo yo me alegraré en el Señor,

Me regocijaré en el Dios de mi salvación. (3:17-18)


La invasión babilónica implicaba un futuro inmediato bastante oscuro para Israel. Usando imágenes poéticas Habacuc nos hace saber que vendrían tiempos de escasez, tiempos de hambre y angustia para Judá. Tiempos de juicio de Dios.

Una lectura de toda la Biblia nos revela que en nuestro horizonte también se avizoran tiempos así. Algo de eso ya estamos viviendo. El sufrimiento, el dolor, la escasez, la enfermedad, la injusticia, el pecado parecen ganar cada vez más terreno. Por eso este libro es tan relevante hoy.

Sin embargo, también una lectura de toda la Biblia nos recuerda lo que Habacuc llegó a entender y dejó plasmado aquí: aunque todo esto suceda, ¡podemos alegrarnos en el Dios de nuestra salvación! ¿Cómo, cómo regocijarnos, cómo incluso dar gracias? Porque Él es el Dios de nuestra salvación, y la salvación que Habacuc miraba de lejos, hoy nosotros la tenemos para siempre. ¡Tenemos a Cristo y sus promesas! Un día todo esto pasará; todo lo que hoy nos encoje el corazón no será más que una niebla olvidada. Podemos dar gracias.


¡Tenemos a Cristo y sus promesas! Un día todo esto pasará; todo lo que hoy nos encoje el corazón no será más que una niebla olvidada.

Mi querida lectora, aunque la alacena esté medio vacía, aunque la salud flaquee, aunque el gobierno sea injusto y las naciones se levanten unas contra otras. Incluso aunque dentro de la iglesia veamos división… ¡Él sigue siendo el Dios de nuestra salvación, y en Él nos alegramos, a Él le damos gracias por la esperanza de un futuro diferente! Podemos dar gracias.

Créeme, este mensaje me lo estoy escribiendo primero que nada a mí misma, porque también me he visto tentada a quitar la mirada de Cristo y ponerla en las noticias, las circunstancias. ¡Eso es caminar en terreno movedizo! Tenemos que aprender del mensaje de Habacuc y estar quietas, incluso en los días de angustia (3:16). Podemos dar gracias porque sabemos cómo terminará la historia. En este mes en que estamos siendo retadas a dar gracias, recordemos que incluso en la angustia podemos honrar a Dios con nuestra gratitud.

Y en el camino, el Señor es nuestra fortaleza, nos ayuda a caminar plantadas en Su verdad (3:19).


Podemos dar gracias porque sabemos cómo terminará la historia.

¿Ya tienes el registro de gratitud? Aquí lo puedes descargar. Y, si lo estás usando, ¡comparte conmigo en las redes sociales! Puedes etiquetarme en Instagram @wendybelloblog.

También tenemos una nueva tarjeta para memorizar. Descárgala aquí.

ANUNCIO: Mañana tendremos el primero evento en vivo, en Instagram. Nuestra invitada será Aixa de López. Aquí debajo tienes los detalles.


Bendiciones,

Wendy


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