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  • Wendy Bello

¿Tenemos que ser femeninas en nuestro modo de vestir?

Responder a la pregunta del título este artículo pudiera suscitar debates en algunos círculos, pero no es lo que aquí pretendemos. Hablar de esto no debe tratarse de compartir nuestras opiniones sino de irnos a la Biblia, que es nuestra autoridad, y explorar allí el tema.




Tal vez debamos comenzar por definir qué queremos decir cuando hablamos de femenino en términos del vestuario. La Real Academia de la Lengua Española define femenino de la siguiente manera:

  1. adj. Perteneciente o relativo a la mujer.

  2. adj. Propio de la mujer o que posee características atribuidas a ella.

Eso es femenino, en el amplio sentido de la palabra.


Ahora bien, regresemos al comienzo de todo, al Edén. La Escritura dice en Génesis 1:17: “varón y hembra los creó”, haciendo de ese modo una distinción clara entre ambos. Distinción que abarca los roles que desempeñamos, pero también nuestra manera de hablar, expresiones corporales, física, y vestuario. Cada uno está llamado a ser un portador de la imagen de Dios pero dentro de la identidad sexual que Dios le dio, y eso también incluye nuestra manera de vestir porque es algo que nos identifica.


La manera femenina de vestir ha variado a lo largo de la historia. En algunas épocas consistía de vestidos muy elaborados, y en otras de túnicas más sencillas, pero siempre ha habido distinción entre la ropa de ambos sexos. Lamentablemente, no es lo que estamos viendo en nuestros días. La confusión con la identidad ha llegado a un grado tal que tristemente a veces tenemos que mirar dos veces para determinar si una persona es de un sexo o del otro.


Si estamos conscientes, a la luz de la Escritura, de que tanto varón como mujer son diferentes en cuanto a esta identidad sexual, entonces debemos reflejar eso al vestirnos. Veamos qué nos enseña la Biblia al respecto.


El parámetro de nuestra vestimenta


Un pasaje muy conocido es Deuteronomio 22:5:

“La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace esto es abominación al Señor tu Dios”.


Ahora bien, antes de que inmediatamente creamos este texto se refiere a los pantalones, vale señalar que se escribió en un momento en que ni los hombres ni las mujeres usaban pantalones porque no era una prenda de vestir en aquella cultura. Así que el punto aquí no son los pantalones, sino el hecho de que cada uno vista de acuerdo con su género. Es decir, una mujer vestirá prendas que sin dudas sean características del sexo femenino, que acentúen su feminidad y no dejen lugar a las dudas, por decirlo de una manera sencilla.

Vestir de manera femenina no es sinónimo de falta de decoro o de seguir la corriente del mundo en cuanto a modas.

¿Qué pasa entonces con los pantalones? Es un asunto cultural. En los tiempos actuales, el pantalón es una de esas prendas, al igual que las playeras o camisetas, por ejemplo, que usan ambos sexos. Sin embargo, hay lugares donde por razones de cultura las mujeres solo visten con faldas o vestidos.


¿Qué hacemos al respecto? Bueno, si estuviéramos allí entonces debemos considerar todo lo que la Biblia nos habla acerca del amor al prójimo y no ser razón de tropiezo a otros en su fe. De modo que el uso del pantalón no es un pecado ni tampoco una cuestión doctrinal. En un escrito al respecto, el pastor Miguel Núñez señala:


“No hablamos de un principio de verdad, no negociamos la verdad, pero hay preferencias que debemos reconocer y respetar. Aquel que es espiritual o maduro en la fe, debería responder con sensibilidad a aquellos de conciencias frágiles” (La Biblia responde, p. 21).


Vestir de manera femenina tampoco es sinónimo de falta de decoro o de seguir la corriente del mundo en cuanto a modas. No debemos confundir un vestuario femenino con sensualidad. Esto último es lo que promueve el mundo a todos los niveles, y es lo que inunda de imágenes inapropiadas las revistas, sitios web, e incluso las vidrieras de las tiendas. ¿Cuál es el resultado? La normalización de una cultura completamente sexualizada.


Pero hay una verdad que no vas a encontrar en ninguna de las revistas dedicadas al tema de la moda, la ropa y la belleza femenina. Y esa verdad es esta: la mujer sabia, partiendo de que es una mujer que ama a Dios y tiene una relación personal con Él, se viste para darle honor y no para hacer voltear los ojos de quienes la vean pasar.


Sin embargo, la sensualidad está permeando cada centímetro del mundo que nos rodea. Basta con mirar cinco minutos cualquier revista mientras estamos en la fila para pagar en el supermercado, o simplemente hojear una circular de tu tienda favorita. Todas gritan a coro: “¡Tienes que lucir sexy!”, pero esa no puede ser la meta de la mujer sabia. La mujer sabia quiere vivir honrando a Dios.


Dejemos claro que no es cuestión de vestirse con un siglo de atraso, sino de elegir ropa que me haga lucir bien, con la que me sienta cómoda y bonita, pero con honor, con dignidad, con pureza, sin el deseo de hacer arder corazones ajenos, ni de provocar sentimientos que no den gloria a Dios.


Vistiendo bíblicamente


Esta manera de vestir es a lo que la Biblia se refiere en 2 Timoteo 2:9:


“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia…”.


El decoro habla de honor y respeto. El pudor, una cualidad ya casi desconocida por nuestro mundo, implica recato. Y la modestia se refiere a humildad, a evitar los excesos. Aunque estas cosas deben ser el resultado de lo que sucede primero en el corazón o de lo contrario estaremos promoviendo un estilo de vida legalista que se enfoca solo en lo externo, sí queda claro que la manera en que vistamos será un reflejo de quién somos y a quién sirve nuestro corazón.


Por último, recordemos que estamos llamadas a enseñar a la próxima generación de mujeres, como lo indica Tito 2:4, y ese llamado implica no solo nuestras palabras sino nuestro diario vivir. Modelemos para ellas una mujer que busca la santidad en todo porque ama a Cristo y quiere honrarle, incluso cuando escoge cómo vestir cada día. Modelemos una mujer que muestra en su vestir la identidad sexual que Dios le dio. En el tema del vestuario y la feminidad, también debemos ser como el salmón y nadar contra la corriente, para que en todo Cristo sea exaltado.


(Este artículo fue publicado originalmente en Coalición por el Evangelio

y su contenido fue adaptado de Una mujer sabia.)


Bendiciones,


Wendy


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