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  • Writer's pictureWendy Bello

Verdades para cuando la vida cambia

Cambios, una palabra que a menudo no nos gusta escuchar. Preferimos lo predecible, lo conocido, aquello en lo que ya nos sentimos cómodos. Por eso cuando nos hablan de cambios solemos experimentar esa sensación incómoda, como un pequeño vuelco en el corazón. Es el temor al cambio. ¿Y por qué? Porque un cambio, de esos inesperados y sorpresivos, indica que no tenemos el control. Yo he estado ahí, supongo que tú también.


Piénsalo, de un día para otro puede ocurrir un cambio en nuestra salud, un cambio en el trabajo, un cambio en la economía. Pueden cambiar los sentimientos de otra persona hacia ti. Nuestros rostros cambian con los años, ya no vemos el mismo reflejo en el espejo. Podemos amanecer a un cambio en la situación política del país. Y no hay nada que podamos hacer. ¡Ese es el problema con estas realidades! Nos hacen sentir impotentes, son un recordatorio de que, en este lado de la eternidad, nada es inmutable. Todo puede cambiar. Solo hay Uno que no cambia nunca: Dios.


Este es otro atributo que le hace único, diferente. Se conoce como la inmutabilidad de Dios e indica justo eso, que Él no cambia; Dios es el mismo ayer, hoy y mañana. Pero no solo no cambia en Su ser, es decir en Su esencia, sino que no cambia Su Palabra, no cambian Sus promesas ni tampoco Sus planes. Este es un atributo incomunicable, es decir, no lo compartimos con Él. Las criaturas cambiamos. El salmista nos lo recuerda con estas palabras hermosas:


Desde la antigüedad Tú fundaste la tierra,

Y los cielos son la obra de Tus manos.

Ellos perecerán, pero Tú permaneces.

Todos ellos como una vestidura se desgastarán,

Como vestido los cambiarás, y serán cambiados.

Pero Tú eres el mismo,

Y Tus años no tendrán fin.

Salmo 102:25-27


Las criaturas no solo cambiamos en lo externo. Tenemos corazones que se inclinan al egoísmo, a la falta de amor, a la impaciencia y eso nos hace cambiar. Cambiamos de opinión con demasiada facilidad. Cambian nuestros afectos. Por eso nuestra confianza o seguridad no puede estar en otras personas. Ellas no pueden ser la fuente de nuestra esperanza o consuelo, como tampoco podemos serlo para ellas. Con mucha razón las Escrituras nos dicen:


No confíen ustedes en príncipes,

Ni en hijo de hombre en quien no hay salvación.

Salmo 146:3


¡Dejen de confiar en simples humanos,

que es muy poco lo que valen!

¡Sus vidas son un soplo nada más!

Isaías 2:22


¿Dónde entonces encontramos nuestro apoyo seguro? En el Dios inmutable. Entender esta verdad tiene mayor importancia de lo que tal vez podamos imaginar. Lo que Él ha prometido, lo cumplirá. Podemos confiar en la Palabra de Dios: «El consejo del Señor permanece para siempre, Los designios de Su corazón de generación en generación» (Salmo 33:11)


Cuando otros amores nos fallen, cuando no nos sintamos amados, podemos recordar y aferrarnos al amor del Señor porque así como Él no cambia, tampoco cambia Su amor: «Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen» (Salmo 103:17a, NVI). Mi comportamiento no determina su amor, Él ama a sus hijos desde la eternidad y por la eternidad porque nos ama en Cristo (Jn 3:16).


Porque nuestro Dios es eterno e inmutable, podemos descansar en Sus planes  y propósitos. Podemos descansar en que no actúa por impulso ni es caprichoso.  Su justicia no cambia, Él no es más justo ayer y menos justo mañana. Su gracia es la misma también. Porque Dios no cambia, el plan redentor sigue en marcha y podemos tener la certeza de la vida eterna y del regreso de Cristo.

Cuando otros amores nos fallen, cuando no nos sintamos amados, podemos recordar y aferrarnos al amor del Señor porque así como Él no cambia, tampoco cambia Su amor.

Recordar que no Dios no cambia es un ancla en tiempos de angustia, temor, soledad, porque si Él ha dicho que no nos dejará solos, así será. Él no cambia de parecer. Cuando el mundo parece girar fuera de control con tantos cambios que no imaginábamos podrían llegar, tenemos la garantía de un Dios inmutable. Él es nuestra esperanza y seguridad en medio de un mundo cambiante:


Confíen en el Señor para siempre,

Porque en Dios el Señor, tenemos una Roca eterna.

Isaías 26:4


Este artículo es parte de la serie Verdades. Estamos estudiando el carácter de Dios porque cuando la idea que tenemos acerca de quién es Dios no es fiel a lo que Él dice de sí mismo sino que es más bien el resultado de algo que hemos concebido en nuestra mente, ¡estamos en serios problemas! Si quieres leer la primera entrega de esta serie, haz clic aquí.


Si este artículo ha sido de edificación para ti, ¡te animo a compartirlo! Gracias.


Por Su gracia y bondad,





Nota: Algunos fragmentos de este artículo fueron tomados de mi libro "Digno".

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