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  • Wendy Bello

Nuestra esperanza (Adviento, semana 1)

Estamos en la primera semana de la celebración de Adviento. ¿Sabes de qué se trata? He recibido muchos mensajes donde me preguntan. Grabé un video muy breve donde lo explico. Aquí lo puedes ver (haz clic).


El enfoque de la primera semana de Adviento está en la esperanza. Parte de la tradición del Adviento son las velas. Se enciende una cada semana como recordatorio y simbolismo. A la de esta primera semana se le conoce como la vela de los profetas o de la esperanza.

Entonces, ¿de qué esperanza estamos hablando? Bueno, Dios había hecho una promesa mucho tiempo atrás; la promesa que leemos en Génesis 3:15 y que es el primer anuncio del Evangelio, la mejor noticia. Sí, porque la buena noticia del Evangelio no comienza en Mateo, la buena noticia comenzó allí en el Edén. Dios, como siempre, dio el primer paso. Él anunció el rescate, la redención, la esperaza:


Pondré enemistad

Entre tú y la mujer,

Y entre tu simiente y su simiente;

Él te herirá en[a] la cabeza,

Y tú lo herirás en el talón.


Esa promesa luego la reafirmó a Abraham (Génesis 15), a Moisés (Dt 18:18), a David (2 Samuel 7:12-16). Ellos no sabían exactamente de qué se trataba pero Dios estaba hablando del Mesías, el que aplastaría la cabeza a la serpiente del Edén, es decir, a Satanás. Y fue ese el anuncio que luego ratificaron los profetas, como Isaías:


Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado,

Y la soberanía reposará sobre Sus hombros.

Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,

Padre Eterno, Príncipe de Paz.

El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin

Sobre el trono de David y sobre su reino,

Para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia

Desde entonces y para siempre.

El celo del Señor de los ejércitos hará esto. (9:6-7)


Esa es la esperanza, el cumplimiento de la promesa; es decir, Cristo. Aquel de quien también había dicho el mismo Isaías:


Acontecerá en aquel día

Que las naciones acudirán a la raíz de Isaí,

Que estará puesta como señal para los pueblos,

Y será gloriosa Su morada. (11:10)


Esperanza es lo que ocurrió hace muchos años una noche estrellada, en un pueblito insignificante llamado Belén, precisamente como cumplimiento de una promesa. El profeta Isaías lo había anunciado varios siglos antes, y Mateo nos lo recuerda al escribir su Evangelio: «Y EN SU NOMBRE LAS NACIONES PONDRÁN SU ESPERANZA» (12:21).


Esperanza es Jesús. Él es el cumplimiento de todas las promesas (2 Corintios 1:20) que alimentan nuestra esperanza. Y nuestra esperanza es viva, porque Cristo resucitó. No esperamos en una posibilidad, esperamos en la realidad de la resurrección: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1 Pedro 1:3).


Nuestro Dios, como escribió el apóstol Pablo, es el Dios de toda esperanza. Y esta es la esperanza que celebramos y recordamos en el tiempo de Adviento: Cristo. Nuestra esperanza descansa en la salvación que hemos recibido por gracia. Nuestra esperanza es futura, eterna e inconmovible. No está en nada que hayamos hecho ni que podamos hacer, nuestra esperanza está en la obra de Cristo en la cruz. Gracias a esa obra salvadora podremos recuperar lo que se perdió en Edén como consecuencia del pecado: vivir para siempre en la presencia misma de Dios. ¡Y eso es motivo de gozo y también nos impulsa a perseverar, incluso cuando venga la tribulación!


(Algunos fragmentos de este artículo fueron tomados del libro "Un corazón nuevo")


Si este artículo fue de bendición para tu vida, te animo a compartirlo. ¡Gracias!


Wendy